Escalé en solitario la pared de Santillana
Publciado por admin - 03/11/11 a las 06:11:45 pmEfectivamente no era ninguna hazaña. Lo había hecho hace cuarenta años alguna vez, pero repetirlo tantos años después, quizás ya tuviera algún valor.
Que sí lo tenía para mí y ante mí. En un día caluroso de este largo verano, sin haberme podido marchar al Himalaya, preocupado con otros temas de una razonable mayor hondura, y con el hombro lesionado, me decidiera a tratar de subir atravesando toda la Pedriza, hasta la misma pared de Santillana, lo que constituye una buena marcha, entre esas piedras por las que no se camina, sino que se salta y se trepa con esfuerzo. Seguir leyendo Escalé en solitario la pared de Santillana…
Volar en parapente
Publciado por admin - 28/09/11 a las 09:09:41 am¡Vengo de volar en parapente!.
Para mi volar en parapente no es una afición normal y placentera, si no un hecho trascendente y lleno de significación ontológica. No soy además, a pesar de llevar veinte años volando, un buen parapentista; tengo muchos defectos técnicos, me faltan reflejos que ya no podré corregir, no se imprimir velocidad en los despegues, no freno bien el parapente en las salidas, no cargo el peso adecuadamente, y por si mis defectos fueran pocos, en los últimos tiempos y siempre que me atrevo, voy solo a volar en donde no hay nadie. No me llaméis necio, pero sé que asumo una cierta dosis de imprudencia, sin querer ser un mal ejemplo para nadie.
Además, hoy he pasado miedo antes del vuelo y en el vuelo mismo. Seguir leyendo Volar en parapente…
Tiempos muy activos
Publciado por admin - 15/09/11 a las 09:09:27 amSoy juventud que sueña primavera
Yo soy temperamentalmente activo. Me entreno, hago gimnasia para acostarme cansado, voy a la montaña a subir las pequeñas cimas del Guadarrama y frecuentemente a escalar algún risco y no perder esa dosis de valor necesario y seguir teniendo la agilidad mínima que me permita seguir subiendo en la carrera hacia la cumbre, algunos intentos de salir volando con el parapente, que es mi vínculo con el valor juvenil, que todos llevamos dentro, más o menos oculto. En invierno me gusta escalar en nieve y esquiar haciendo fondo y también algo de esquí alpino. Todo ello para tener la ocasión de reflexionar y seguir preparado para tratar de alcanzar alguna cima más en la carrera de fondo que es al fin la vida. Seguir leyendo Tiempos muy activos…
La necesidad de hacer alpinismo
Publciado por admin - 02/09/11 a las 01:09:50 pm¿Es un riesgo inútil? ¿Es un compromiso absoluto? ¿O somos los alpinistas seres a la deriva, víctimas de una poderosa corriente que nos arrastra? Parece ser cierto que las actividades difíciles, y aún extremas, son las que más enseñan a los hombres a saber cómo y quiénes somos, al sernos descubiertos muchos secretos que para la mayoría de los humanos permanecen ocultos. A cambio está la posibilidad cercana de perderlo todo, viviendo el desasosiego, a veces poco perceptible ante la posibilidad de la muerte. Seguir leyendo La necesidad de hacer alpinismo…
Alfonso Arias Pacheco, alpinista y fundador del turismo de montaña
Publciado por admin - 27/07/11 a las 01:07:08 pmAlfonso era, en el mejor sentido de la palabra, un alpinista tradicional, no un alpinista de los que suben en fila, sujetándose a una cuerda fija puesta por unos servidores de la montaña como ocurre actualmente.
Alfonso Arias fue siempre un alpinista clásico, de los que abría el camino delante de los demás, explorando el terreno y exponiéndose a la caída, el verdadero riesgo del alpinismo de los que actúan de “primero de la cuerda” .
Le conocí a finales de los años “50” del pasado siglo, lo que a pesar de los años transcurridos recuerdo perfectamente.
“Yo me encontraba colgado de una escalada difícil de la Pedriza, la vía Lucas del Cocodrilo, y él, junto a su compañero Rodrigo, ambos de la Sociedad Deportiva Excursionista (celebre club de montañismo de Madrid) me preguntaron por dónde y cómo se iniciaba la escalada de la famosa “Norte del Nieves”. En mi juvenil vanidad me sentí halagado de que dos alpinistas de buen porte y ya expertos me hubieran pedido una información técnica” .
En aquellos años del pasado siglo Alfonso Arias era un activo escalador de montañas, que no se contentaba con el Cervino, el Mont Blanc, por el espolón de la Brenva (ahora prácticamente solo se sube por las rutas normales) el Monte Rosa o las Agujas de Bionassay. Él protagonizó hace 50 años, con Rafael Díez y Emilio Torrico, el éxito de la cordada tradicional, con una serie de escaladas en el Naranjo de Bulnes, en el Vignemale y en el Tozal del Mallo.
En 1974 Alfonso Arias diseñó, con sus amigos de la SDE, una valiente expedición al Yerupajá, una de las montañas más interesantes y difíciles del mundo en los Andes del Huayhuas, frente a la Cordillera Blanca (ahora solo se habla de las montañas de 8.000 m. como si no existieran otras) En aquél equipo figuraban nombres importantes del gran alpinismo clásico: Andrés Fernández, los Hermanos López, Pedro Nicolás…
Antes también había formado parte de la primera y la segunda expedición española al Manaslú, de la Federación de Montañismo, en compañía de Carlos Soria, Muños Repiso, Orts, López, Blázquez y otros destacados alpinistas madrileños.
En 1976 Alfonso Arias se enfrentó, dirigiendo un equipo de su club madrileño al Shakkaur (7.123 metros) en las montañas del Hindu Kush, en Pakistán, abriendo una nueva ruta a esa difícil montaña de los desconocidos macizos de Asia.
Pero lo que distinguió a Alfonso Arias, además de su valor como escalador y su bien hacer como directivo expedicionario fue su porte elegante y su exquisita educación, lo que le facilitó amigos en muy distintos ámbitos sociales. Por ello es junto recordar que Arias, dejando sus negocios familiares, fuera el primero en decidirse a crear una agencia de viajes de aventura “Intrek” hace más de cuarenta años, en una oficina de la Torre de Madrid.
Así se comenzó a aficionar a los españoles en el “trekking”, que no es otra cosa que recorrer caminos de montaña sin demasiadas complicaciones en cualquier cordillera o macizo montañoso ( Nepal, Bután, Perú, Bolivia, Tanzania, Kenia…)
Pero Arias a través de sus relaciones sociales y profesionales no solo fue llevando a españoles fuera, si no trayendo a España turistas de montaña de distintas partes del mundo para que conocieran los Picos de Europa, los Pirineos, o haciendo famosas las singulares travesías por la Sierra Nevada granadina.
Su hijo Alberto, director de Mugámara, viajes, trekking y expediciones, me cuenta como recuerda a su padre embalando unas espadas toledanas (copia de la Tizona del Cid) para entregar al rey de Bután, en una de sus primeras visitas al país de las nieves.
Alfonso Arias fue un hombre afortunado que supo encontrar en las montañas el gran argumento de su vida: cómo explorador-alpinista-escalador y cómo promotor del viaje de aventura. Recorrió desde Katmandu a Lhasa, abriendo caminos, se entusiasmó con el Gran Sur de Argelia, los macizos del Hoggar y el Tassili, llegando a Tombuctú desde Bamako atravesando el Sáhara, caminó por los volcanes de Etiopía… Y hasta en 1995 pudo alcanzar el lago de Manasarovar, desde Lhasa, y para poder realizar la “Kora”, la peregrinación religiosa rodeando al Kailash, la gran montaña sagrada del Tíbet.
Descanse en paz el amigo Alfonso Arias Pacheco.
Nació el 12-05-1934. Murió el 13- 07-2011
cesarperezdetudela.com (web y blog)
En recuerdo del montañero Luis Méndez Rodrigo
Publciado por admin - 26/07/11 a las 01:07:03 pmLe encontraron muerto en el sillón de su casa.
Luis Méndez, el Cebolla, del Grupo de Montaña Cumbres de Madrid, estuvo en algunade las grandes y primeras expediciones al Cáucaso en 1968 y en el Himalaya en 1973. Su buen carácter y la amistad de tantas generaciones de montañeros le harían merecedor de homenajes en su memoria. Nació el 23-12-1930. Murió el 19-07-2011.
Llegué tarde a su cremación en el cementerio de la Almudena y no pude decir algunas palabras recordándole, aunque mi persona no fuera de su estricto circulo de amigos y compañeros… Casi siempre nadie dice nada en los entierros o en los crematorios, un acto breve, quizás sentido pero demasiado silencioso y vacío de palabras. Todos tenemos mucha prisa. Hay que seguir viviendo y hay que terminar pronto esas sesiones tristes, que la sociedad actual quiere olvidar lo antes posible. No hay culto ni homenaje para el desaparecido que marcha hacia ese viaje transcendente a lugares inimaginables por nuestras limitadas capacidades. Hemos hecho del entierro o de la destrucción de su cuerpo una acción puramente administrativa en la que parece que nos olvidamos del alma, esa inmensa entidad que se esparce allí mismo camino de la eternidad.
Solo algún místico dijo que los muertos pasaban a ese ámbito superior e invisible. Fue el poeta Rilke, y sus poemas fueron estudiados por Martín de Heidegger a lo largo de una vida dedicada a investigar la ciencia metafísica.
Hace ya años que decidí decir siempre algo en honor del amigo o compañero que había iniciado la “gran travesía”. Ojalá tarde mucho en hacerlo y ojalá lo haga bien.
El gran viaje sigue presente
Publciado por admin - 25/07/11 a las 01:07:19 pmHoy he escrito un artículo para el diario “El Mundo” en memoria de Alfonso Arias Pacheco, alpinista de reconocido prestigio y primer introductor de los viajes de aventura y montaña en España, fallecido estos días.
Todavía no se ha publicado el mismo y me dice Enrique Lieva, otro veterano de la montaña, que hoy han encontrado a Luis Méndez, el Cebolla, sentado en un sillón de su casa sin vida.
Luis fue un escalador del Grupo de Montaña Cumbres, entusiasta de las escaladas y compañero en aquella histórica expedición española al Cáucaso en 1968, en la que escalamos el temido Uschba, entonces considerada una de las 10 montañas más bellas de la Tierra por el escalador alemán Günter Hauser, desaparecido hace 40 años en el peligroso glaciar del volcán Osorno, en Chile.
De aquella expedición al Cáucaso ya han emprendido el viaje al más allá varios de sus componentes: Moisés Castaño, Joaquín de la Cámara, Mariano Arrazola y Luis Méndez. Así es la vida.
Mientras tanto los que sobrevivimos continuamos en la cuesta de la escalada.
Carlos Soria empecinado en su admirable lucha por conseguir los “ochomiles”, Rivas en sus montañas botánicas realizando ascensiones, Repiso en la revista Peñalara, igual que Luis B. Durán, Fernando Domingo, Marquez, Félix Méndez, Fernando Domingo, Jame García Orts; mientras el admirable Agustín Faus diseña un taller de literatura de montaña.
Espero qué la vida continúe -mientras pueda respetarnos.
Y tenga la paciencia de esperar, y concederme a mí el suficiente tiempo para descifrar el “por qué” de esta grandiosa y terrible pasión por escalar las cimas de la tierra y de la vida, si mi limitada inteligencia lo hace posible, y mis fuerzas me acompañan para seguir subiendo.
También en el alpinismo se acusa el cambio social
Publciado por admin - 21/07/11 a las 02:07:01 pmHace cincuenta años el alpinista alemán Toni Hiebeler, escritor de montaña, autor del célebre libro “Combates por el Eiger”, uno de los mejores de la amplia literatura alpina, director de la revista “Alpinismus” y jefe de la expedición que escaló el Eiger en primera invernal, escribió un valiente artículo, confesando que dejaba la montaña y el alpinismo por que ya no le gustaba. Hiebeler siguió no obstante, como era de esperar, realizando actividades de montaña, hasta que falleció en un accidente de helicóptero que cayó sobrevolando los Alpes Julianos en 1984.
En aquellos lejanos años se practicaba un alpinismo clásico de reconocida dificultad, no tan extremo y a veces incluso tan poco comprensible cómo es el actual. Un alpinismo más variado y universal, no especializado y realizado en las muy diversas montañas del mundo, no como ahora, en el que siempre se va a los mismos escenarios: o el Himalaya, o las mismas “Siete cumbres”, siempre lo mismo. Todos en el idéntico camino, salvo claro está, extraordinarias excepciones que quedan sumidas en el anonimato.
Entonces el alpinismo de vanguardia, a lo largo de muchas décadas, permanecía inmutable y se reducía, nada más y nada menos, que a ir realizando en invierno las famosas y difíciles paredes y aristas alpinas, abriendo nuevos itinerarios y efectuando expediciones de exploración a los diferentes macizos andinos y de tantas otras zonas de la Tierra, incluyendo ya el Himalaya. De vez en cuando alguien deseoso de darse a conocer realizaba alguna escalada en solitario (Darbellay en el Eiger, Bonati en el Dru, o en el Lavaredo y otros magníficos representantes de la vanguardia de la época)
Pero he de decir, volviendo a rememorar a Toni Hiebeler que cada vez entiendo menos el alpinismo de hoy.
Esta forma moderna de hacer alpinismo y escalada, en muchos de sus aspectos no la comprendo. Es en muchos casos, más extrema, pero muy amparada en el “cobijo” de la técnica, que dirían los fenomenólogos de la Filosofía germánica.
Ahora sí que estoy declarando sin rubor que estos reconocimientos me identifican ya con una persona fuera de los cánones actuales.
Nuestro alpinismo, el de varias generaciones anteriores, era el clásico, el de antes, el de los guías alpinos con pantalón bávaro, y no el de las calzas o mallas estrechas que hacen parecer faunos a los alpinistas, ni el de los modernos y vulgares pantalones que ahora se llevan, y ni mucho menos el de los brazos y piernas desnudas.
Tampoco me gustan las cuerdas de ochenta y noventa metros, que pesan mucho y que obligan a realizar secciones o largos de cuerda muy largos, incomunicando a la cordada y sometiendo al primero a la inseguridad motivada por el creciente peso de las cuerdas, neutralizando así la seguridad que podría conferir el paso de estas por más puntos de seguro.
Y tampoco me gusta que se pueda decir que las escaladas de V grado, de la clásica escala “Welzenbach”, que era internacional y valía para franceses, italianos, americanos, japoneses o españoles, eran fáciles, porque a mi discreto juicio siguen siendo difíciles o muy difíciles.
Los alpinistas universales de entonces
No me interesa tampoco que un alpinista corra todo lo que pueda, para subir en menos tiempo que nadie, sin mochila y sin recursos ante un cambio de tiempo una montaña que ya ha subido docenas de veces, siguiendo la cómoda huella abierta por otros, en uno de los mejores días del año para declararse el campeón, batiendo todos los poco significativos records de sus predecesores.
Tampoco entiendo este exceso de especialización que limita nuestro horizonte y nuestra conciencia.
Antes casi todos éramos alpinistas más universales.
Hacíamos preciosas y difíciles escaladas de roca en el verano, junto a ascensiones por los pasillos nevados o helados, de las grandes montañas de los Pirineos, Gredos o los Picos de Europa y de los Alpes. También recorríamos encima de los esquís las montañas nevadas.
Otros días nos ocupábamos de enseñar, sin ánimo de lucro, pero con afecto, a los nuevos aprendices de alpinistas que se inscribían en los cursillos de los clubs o de la vieja Escuela Nacional de Alta Montaña de la que éramos instructores o profesores.
En el otoño, al regreso de las escaladas, cantábamos los versos de los poetas para olvidar el cansancio frente al fuego del refugio. Participábamos en algunos campeonatos de esquí, aunque lo más frecuente era realizar travesías para llegar al destino todos juntos, ayudando a los más lentos o menos hábiles.
Ahora todo son prisas y carreras para ver quien llega antes y demostrar quién está más fuerte que los demás.
¿Se persigue el record para diferenciarnos o distanciarnos de nuestros compañeros?
El ego se presenta cada vez con más fuerza, lo que nos impide saber quiénes somos, cerrándonos el camino para la reflexión ¿Ocultamos algo con ello?
Por otro lado todos seguimos los mismos caminos siempre abiertos, como si ya fuéramos incapaces de seguir caminos sin huellas, en los que antes aprendíamos a confesar nuestros errores.
Solo, sin cuerda y sin seguro
Son para mí demasiado rebuscadas estas especializaciones, aunque sé que significan sin duda un indiscutible esfuerzo y una gran preparación física y técnica, basado en ejercicios atléticamente admirables, que entrañan una importante práctica repetitiva unidireccional, pruebas atléticas que se van apartando de los cánones fundamentales de la escalada y el alpinismo de siempre.
Otros muchos, la mayoría, solo ven lo que la moda impone: correr. El que no corre está fuera. No hay club de montaña que no practique la carrera y las competiciones.
En una naturaleza digna de ser contemplada se corre cuesta arriba y cuesta abajo, sin tener casi oportunidad de poder mirar apenas el paisaje y sin saber para que hay que correr tanto, pendientes del cronometro.
Los formidables éxitos de ciertos escaladores-alpinistas actuales me parecen asombrosas enajenaciones. Se escala “en solo y sin cuerda”. Y por tanto sin seguro alguno por impresionantes precipicios, como los de la pared norte del Lavaredo, 600 metros absolutamente verticales. O la pared norte del Eiger, midiendo el segundo: dos horas, algunos minutos y unos segundos más, cuando antes casi todas las cordadas dedicaban tres, cuatro o más días abriéndose camino y soportando las tempestades que los servicios meteorológicos no podían prever.
Esa urgencia. Ese entrenamiento que permite estos excesos, escalando una y otra vez la misma vía, hasta dominar todos sus pasajes, tiene detrás muchas horas al día de entrenamiento, lo que significa repetir un gesto físico muy semejante.
Ahora toda la actividad se concentra en unos años de gran intensidad. Y este exceso impide cualquier otra dedicación para conocer otros ámbitos de actividad compensatoria, que en otros tiempos eran fundamentales para vivir en sociedad.
No alcanzo a penetrar en la especial psicología -que siempre es filosofía- de este modernismo idealista que muchos se empeñan en llamar deporte, que para mí consideración es el alpinismo.
Creo que hemos llevado el alpinismo, con sus especialidades y sus competiciones, a una enajenación sin futuro, lo que contribuirá mucho a que los protagonistas de hoy no lleguen a perdurar en el ejercicio de esta actividad durante muchos años.
Yo continuaré mientras pueda con mis cuerdas de 40 o 50 metros, aunque tenga que improvisar reuniones, y hacer más rapeles, para no perder el hábito de saber buscar la propia seguridad, montando reuniones y no siempre utilizando anclajes fijos.
Insistiré en la filosofía de la cordada, ya casi perdida, y en el sentido fundamental de la orientación.
El Himalaya “ochomilista”, ha traído nuevos métodos, como el de la lenta aclimatación, la ausencia de la cordada, las huellas que eliminan los misterios del camino, las cuerdas ya fijadas por los trabajadores de la montaña para hacer posible la ascensión en algunos casos de caprichosos señoritos buscadores de hazañas.
Creo que soy, cada día más, un alpinista de otra época. Y la época marca y caracteriza a una generación. Me he quedado evidentemente atrás cómo un superviviente de la antigüedad, de los que no buscaban el record, sino la vivencia, esa categoría de la experiencia que nos convertía en hombres con filosofía para poder trasmitirla a los demás.
Se hacen escaladas asombrosas, pero no sé si esta aparente superación es real y si puede compensar tantos valores tradicionales que van quedando atrás.
Y ojalá pueda seguir escalando las preciosas vías clásicas, las difíciles rutas de IV y V grado, las más bellas y más lógicas en esta preciosa sin razón del alpinismo.
Y si encuentro a algún buen compañero que me ayude, incluso repetiré alguna línea, como ahora se dice, de esas de (VI grado), con mucho cuidado y una gran humildad propia del que ha sobrepasado su época, teniendo muy presente que el VI grado clásico tenía pasos “más allá de los cuáles estaba la caída” y era “el límite del equilibrio”.
Así lo decíamos entonces, cuando mirábamos al fuego contando aventuras en los refugios de montaña, preparándonos para las también difíciles escaladas de la vida.
César Pérez de Tudela. Explorador alpinista. De la Real Academia de Doctores de España.
www.cesarperezdetudela.com
No a lo que se dice
Publciado por admin - 06/06/11 a las 06:06:20 pmNo se crea la gente lo que se dice estos días sobre el alpinismo. Gran parte de culpa de estos juicios exagerados y parciales la tiene el mensajero, que escoge la noticia, la agranda y la difunde, ahora que la comunicación es tan sencilla, con enviados especiales en el mismo Himalaya en busca de incidentes para justificar su crónica, que a su vez es agrandada por el columnista que ve en estos pequeños sucesos un motivo para escribir un buen articulo y quedar bien.
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Españoles en el Himalaya
Publciado por admin - 27/05/11 a las 12:05:56 pmEstoy siguiendo estos días los acontecimientos de los alpinistas españoles en el Lhotse, la cima vecina al Everest. Y leyendo juicios que tratan de desvirtuar la gran vivencia de las altas montañas.
Siempre que hay muchos alpinistas escalando en la misma montaña, como ha ocurrido este año en el Everest-Lhotse, y el año pasado en el Annapurna, existen lógicamente más probabilidades de accidentes. El Himalaya está de moda. Los patrocinios continúan a pesar de la crisis. Y son muchos los alpinistas españoles dispuestos a la aventura. Seguir leyendo Españoles en el Himalaya…
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