Aquella Patagonia Trágica
Publciado por perezdetudela - 10/10/08 a las 11:10:12 am
( Epílogo que he escrito para el libro que editará DESNIVEL, en honor de Fernando Martínez Pérez, muerto en el Monte Sarmiento de la Tierra de Fuego en 1976 )
En este libro se cuentan aventuras reales, vivencias que sucedieron tal y como se han escrito, y en las hemerotecas están las noticias, los reportajes y las entrevistas que produjeron.
Es un libro de viajes y aventuras, como también en otros aspectos es un libro de geografía, y especialmente de alpinismo, un género al que la literatura debe más de lo ésta ha podido reconocer por su autenticidad e interés, y de lo que apenas la sociedad de nuestros días se ha dado cuenta.
A mí me parece más un libro de reflexiones que buscan el alma, esa sustancia invisible que nos dice quiénes somos.
Los protagonistas fuimos Fernando Martínez Pérez y yo, exploradores de montañas que divulgaban sus aventuras con la esperanza de convencer a la sociedad consumista y vulgarizada del “idealismo” del alpinismo.
Yo ya lo escribí hace 50 años, en un artículo cuando hice en solitario la pared sur del Pájaro de la Pedriza en la revista “Peñalara”:
“El alpinismo es la expresión puramente idealista de la persona”
Entonces solo lo presentía, pero después de medio siglo de experiencias vividas y meditaciones efectuadas, investigando mis propias realizaciones y las de tantos otros alpinistas -estudiándolas-, analizando precisamente la enjundia de los filósofos “idealistas” especialmente los “trascendentalistas” alemanes, que sin duda estuvieron influidos por el conocimiento del alpinismo de la época, estoy convencido de haber transformado la hipótesis en tesis.
¿Pero…? ¿Para qué…? ¿Por qué…?
El tema es tan apasionante como la vida, quizá porque es verdaderamente vida apasionada, siendo la cima, no un logro pasajero, sino el certificado solemne de un momento de trascendencia que se recordara siempre y que dejara una huella en el hondón de nuestra alma.
Esta es la historia de una exploración moderna, en plena segunda parte del pasado siglo XX, en la que todavía estaba presente el prototipo de alpinista, figura humana que hoy está en trance de desaparecer. Una historia trágica. También la historia de la vida lo es, aunque se vivan momentos de gran euforia y aún de intensa felicidad.
El alpinista siempre buscando caminos ideales hacia la cumbre.
El que partía en soledad absoluta, o más frecuentemente compartida con algún compañero cargando con su bagaje vital, sin porteadores, cuando él era su propio guía en la escalada y en la vida.
El que buscaba la orientación y era el dueño de su destino, abriendo la ruta, orientándose por sí mismo en la niebla de una región nueva.
Ese alpinista lleno de sueños y energías, que cómo dijo Saint Loup, era el nuevo “caballero andante”, él que callaba el miedo y le plantaba cara a la angustia que el abismo produce como un arte, mezclado con el descubrimiento del ser.
El alpinismo está al borde de la extinción cómo concepto puro, arrastrando a ese personaje singular y extraño en este mundo de materialidades, que ha sido el alpinista clásico, desde Edgar Whymper a Lionel Terray.
El alpinismo en la Patagonia, el alpinismo en el Himalaya y hasta el mismo alpinismo en los Alpes, se ha transformado en otro tipo de actividad menos trascendente y más deportiva: el alpinismo moderno: una combinación de turismo en la extraordinaria dificultad de la alta naturaleza de la Tierra.
Naturalmente que lo escrito anteriormente solo son conjeturas, sabiendo que todavía durante mucho tiempo seguirán existiendo alpinistas qué, como la española Silvia Vidal, tras 17 vivacs en la pared norte del Huascaran, realicen una nueva vía. O cómo qué el ecuatoriano Santiago Quintero suba a la cima del Yerupajá Grande en solitario, o qué los austriacos Ressman y Noglich alcancen la cima del monte San Elías y desciendan esquiando hasta el mar.
Valoro menos a los magníficos deportistas que ascienden las paredes de Yosemite en 2 horas, 48 minutos y 35 segundos…
La Patagonia ya no es aquél terreno que encerraba el misterio de las cimas imposibles, como tampoco lo es el Himalaya. Ahora “Aquella Patagonia trágica”, como dice el título del libro, no es la Patagonia cruel en la que los indios fueron extinguidos, si no es el lugar donde los senderistas conducidos por guías que repiten los recorridos conocidos muestran las bellezas del glaciar y de las cimas.
La Patagonia hoy es la soberbia naturaleza ya apta para que algunos “atletas del deporte” puedan realizar sus hazañas repitiendo en un día las escaladas que los “grandes” de otros tiempos tardaron semanas y hasta años en poder superar.
Estas consideraciones solo querría matizarlas en el convencimiento de que el alpinismo del pasado y el alpinismo de la actualidad, coincidirán en que la escalada será siempre la superación de uno mismo, educando el miedo y ayudando al crecimiento del espíritu.
Insistencia ante el peligro. Humildad ante el triunfo. Admiración hacia los demás…
¿Es esto sobre humanizarse?
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Estimado Cesar
Te escribo desde Patagonia, ayer mismo he bajado del campo de hielo norte. Despues de 3 semanas de travesia (Lago Leones-Laguna San rafael via San Valentin, sin cima) no he hecho otra cosa que ver montañas virgenes, paredes inescaladas y glaciares que esperan un primer cruce.
Si queda algo de ese remoto y ancestral sentimiento que tanto anhelas, creo sinceramente que esta aqui. No en los grupos de montañas sobre-escalados, te hablo de todas las otras montañas que estan bien encerradas entre los hielos Patagonicos y que aun reclaman ese magnifico espiritu de sacrificio que tan bien describio Shipton.
En mi opinion Patagonia aun esta virgen a la exploracion y la aventura. No para subir el torre, pero el aguilera esta virgen, la norte del san valentin, el cordon de Aysen enterito, el cachet. Los he visto Cesar! y que yo sepa la bajada por el glaciar Colonia desde Shipton en el 61 esta esperando una repeticion…y eso si que es big wall horizontal! por no hablar de buscar y explorar una entrada por el valle exploradores hacia el norte del campo de hielo, el acesso por el glaciar san tadeo. Patagonia aun esta salvo, pero claro no vayas al Paine o al Fitz. Y en La cordillera Sarmiento cuantas cimas quedan virgenes? desde luego ni una ni dos y mas al sur en el canal de las montañas? Yo acabo de terminar mi tercer viaje por el Campo de Hielo Norte, en dos años y me sorprende todo lo que aun se puede hacer aqui.
Un saludo
Jose Mijares
Comentario por Jose Mijares — 29 Octubre 2008 #
Gracias José Mijares por tu comentario. Se que conoces bien esa incomparable región. Coincido contigo en que el sector norte de los Hielos Patagónicos (el del macizo de San Valentin) continúa aún desconocido, con esas perfiladas y preciosas cimas sin explorar. Tienes razón. El escrito anterior es el Epílogo de mi libro “La Patagonia Trágica” en el que cuento mi historia en el Torre y en el Sarmiento, lo que es ya otro tema. Me estaba refiriendo a la Patagonia en su consideración más general y específicamente en el sector Sur que siempre ha sido el más famoso y el más recorrido por las expediciones. Muchas Gracias y un cordial recuerdo CP de Tudela
Comentario por César Pérez de Tudela — 12 Noviembre 2008 #