Escalé en solitario la pared de Santillana
Publciado por perezdetudela - 03/11/11 a las 06:11:45 pmEfectivamente no era ninguna hazaña. Lo había hecho hace cuarenta años alguna vez, pero repetirlo tantos años después, quizás ya tuviera algún valor.
Que sí lo tenía para mí y ante mí. En un día caluroso de este largo verano, sin haberme podido marchar al Himalaya, preocupado con otros temas de una razonable mayor hondura, y con el hombro lesionado, me decidiera a tratar de subir atravesando toda la Pedriza, hasta la misma pared de Santillana, lo que constituye una buena marcha, entre esas piedras por las que no se camina, sino que se salta y se trepa con esfuerzo.
Allí estaba erguida la pared de mi juventud, depreciada en esos años exigentes, tras compararla con las grandes escaladas alpinas o las duras ascensiones de los Andes u otras montañas de lejanos horizontes.
Tenía que subirla igual que cuando era ese joven engreído, entonces sin fallo alguno lleno de entrenamientos y experiencia. Me até a una cuerda, más que por mí mismo por tratar de comportarme de forma razonable. Y comencé a subir asumiendo que mi brazo derecho no agarraba con firmeza. Subí bien y cometí la sensatez de asegurarme a un “empotrador” allí abandonado, pasando la cuerda también por unos seguros. Superé el paso clave con agilidad y continué por la estrecha grieta hasta los agarres que superé limpiamente, pero esforzándome más de costumbre. Monté un seguro para bajar y recuperar los que había puesto más abajo y note que la cuerda se había enganchado, lo que me obligó a arriesgarme más que si hubiera escalado el pasaje sin seguridad alguna. Entonces recordé aquello que decía:
“la obsesión de seguridad asfixia la vida”
El error me hizo subir y bajar varias veces, lo que puso a prueba mi decisión. Una vez solucionado y con la cuerda enrollada fui dominando en equilibrio los sencillos pasos de la escalada, pero escalada al aire. Dudé unos instantes cuando pasada la repisa en donde normalmente se efectúa una reunión, los numerosos agarres disminuyen y hay que realizar algunos equilibrios para dominar la situación sin posibilidad de error alguno. El error sería la caída.
Sin novedad alcancé la cima y tras mirar en derredor me miré a mí mismo. Allí estaba yo como si el tiempo, cincuenta años o más, con mis infartos y mi historia se hubiera detenido.
Una pequeña escalada, una gran experiencia. Abajo me confesé y me dije:
“Quizás aún puedas vivir más días grandes en las montañas del mundo”
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