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	<title>César Pérez de Tudela</title>
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		<title>Escalé en solitario la pared de Santillana</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Nov 2011 16:12:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>perezdetudela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamientos]]></category>

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		<description><![CDATA[Efectivamente no era ninguna hazaña. Lo había hecho hace cuarenta años alguna vez, pero repetirlo tantos años después, quizás ya tuviera algún valor. Que sí lo tenía para mí y ante mí. En un día caluroso de este largo verano, sin haberme podido marchar al Himalaya, preocupado con otros temas de una razonable mayor hondura, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Efectivamente no era ninguna hazaña. Lo había hecho hace cuarenta años alguna vez, pero repetirlo tantos años después, quizás ya tuviera algún valor.</p>
<p>Que sí lo tenía para mí y ante mí. En un día caluroso de este largo verano, sin haberme podido marchar al Himalaya, preocupado con otros temas de una razonable mayor hondura, y con el hombro lesionado, me decidiera a tratar de subir atravesando toda la Pedriza, hasta la misma pared de Santillana, lo que constituye una buena marcha, entre esas piedras por las que no se camina, sino que se salta y se trepa con esfuerzo. <span id="more-169"></span></p>
<p>Allí estaba erguida la pared de mi juventud, depreciada en esos años exigentes, tras compararla con las grandes escaladas alpinas o las duras ascensiones de los Andes u otras montañas de lejanos horizontes.</p>
<p>Tenía que subirla igual que cuando era ese joven engreído, entonces sin fallo alguno lleno de entrenamientos y experiencia. Me até a una cuerda, más que por mí mismo por tratar de comportarme de forma razonable. Y comencé a subir asumiendo que mi brazo derecho no agarraba con firmeza. Subí bien y cometí la sensatez de asegurarme a un “empotrador” allí abandonado, pasando la cuerda también por unos seguros. Superé el paso clave con agilidad y continué por la estrecha grieta hasta los agarres que superé limpiamente, pero esforzándome más de costumbre. Monté un seguro para bajar y recuperar los que había puesto más abajo y note que la cuerda se había enganchado, lo que me obligó a arriesgarme más que si hubiera escalado el pasaje sin seguridad alguna. Entonces recordé aquello que decía:</p>
<p style="padding-left: 30px">“la obsesión de seguridad asfixia la vida”</p>
<p>El error me hizo subir y bajar varias veces, lo que puso a prueba mi decisión. Una vez solucionado y con la cuerda enrollada fui dominando en equilibrio los sencillos pasos de la escalada, pero escalada al aire. Dudé unos instantes cuando pasada la repisa en donde normalmente se efectúa una reunión, los numerosos agarres disminuyen y hay que realizar algunos equilibrios para dominar la situación sin posibilidad de error alguno. El error sería la caída.</p>
<p>Sin novedad alcancé la cima y tras mirar en derredor me miré a mí mismo. Allí estaba yo como si el tiempo, cincuenta años o más, con mis infartos y mi historia se hubiera detenido.</p>
<p>Una pequeña escalada, una gran experiencia. Abajo me confesé y me dije:</p>
<p style="padding-left: 30px">“Quizás aún puedas vivir más días grandes en las montañas del mundo”</p>
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		<title>Volar en parapente</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Sep 2011 07:45:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>perezdetudela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensamientos]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Vengo de volar en parapente!. Para mi volar en parapente no es una afición normal y placentera, si no un hecho trascendente y lleno de significación ontológica. No soy además, a pesar de llevar veinte años volando, un buen parapentista; tengo muchos defectos técnicos, me faltan reflejos que ya no podré corregir, no se imprimir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="text-decoration: underline">¡Vengo de volar en parapente!.</span></strong></p>
<p>Para mi volar en parapente no es una afición normal y placentera, si no un hecho trascendente y lleno de significación ontológica. No soy además, a pesar de llevar veinte años volando, un buen parapentista; tengo muchos defectos técnicos, me faltan reflejos que ya no podré corregir, no se imprimir velocidad en los despegues, no freno bien el parapente en las salidas, no cargo el peso adecuadamente, y por si mis defectos fueran pocos, en los últimos tiempos y siempre que me atrevo, voy solo a volar en donde no hay nadie. No me llaméis necio, pero sé que asumo una cierta dosis de imprudencia, sin querer ser un mal ejemplo para nadie.<br />
Además, hoy he pasado miedo antes del vuelo y en el vuelo mismo.<span id="more-166"></span></p>
<p>-Oiga usted. Me pregunta mi “yo” normal y por tanto vulgar. ¿Entonces por qué lo hace?<br />
-Trataré de responderme a mi mismo. Lo hago aceptando el riesgo. Asumo la experiencia como una experiencia del alma. Quiero saber lo que es el miedo y superarlo. Quiero sentirme bien después de haber volado. Recuperar la juventud, el optimismo y el valor&#8230;<br />
-Quiero saber y experimentar en mi, buscando la profundidad del “ser”, sin cobijo, sin protección o ayuda. Quiero seguir siendo joven y decidido; y para ello tengo que vivir la aventura de la vida en los hechos que consideró que son trascendentes para el espíritu, engrandeciendo mi conciencia y con ello el alma. Reflexionando en el ejercicio de la acción, esforzándome.</p>
<p>Hoy hacía un día climatológicamente bueno, soleado, sin vientos fuertes&#8230; y me he dicho:<br />
- César, si quieres seguir siendo quién quieres ser, o quién has sido, y deseas fervientemente acudir a esa cita del alma de intentar la ascensión del Everest, para superar tu infarto cardiaco, y para seguir tus investigaciones fenomenológicas, tienes que estar en forma, entrenado en el esfuerzo y en el cansancio. Carga sobre tus espaldas la gran mochila del parapente (parapente, silla con protección, paracaídas de emergencia, casco, ropa de abrigo, bastones, agua y alguna cosa más) y sube a la Maliciosa por el sur, observando el viento&#8230; Y si no vuelas te bajas cansado y orgulloso de haber resistido la dureza del camino.<br />
He aparcado mi coche en el Hotel de la Barranca y he emprendido la subida adaptando el ritmo de ascensión a mis años, porteando la pesada y enorme mochila. Al principio me ha costado, pero poco a poco me he ido internando en la realidad de mi mismo y he empezado a pensar en mi vida, en mis proyectos, en mis libros, en mis hijos, en mis afectos, y en mi próxima aventura del Everest.<br />
¿Y si el valor me llegara y pudiera intentar bajar desde las alturas del Everest? Para ello tendría que subir un parapente aligerado, prescindir del paracaídas de emergencia y de la silla de protección y encomendarme a Dios, como casi siempre lo hago, ya que yo solo, sin esa ayuda misteriosa, y para mí cierta, no podría, creo que no lo conseguiría. Tendría que encontrar unas condiciones óptimas de viento y no estar con la mente confusa como siempre ocurre en la altitud. Era un soñar estando despierto.</p>
<p>Unos montañeros que bajaban me han visto tan cargado, que una chica del grupo ha dicho:<br />
- ¡Vaya moral que tienes!</p>
<p>-Sí, desde luego. Y no sabes bien  lo que me espera.</p>
<p>He subido los ochocientos metros de desnivel por el camino de piedras inestables, con seguridad, observando mi maltrecho corazón después de mi última intervención. Todo estaba resultando bien, y mis endebles piernas, entrenadas por el esquí de fondo y la gimnasia resistían la ardua ascensión y el contrapeso de la pesada mochila.<br />
El viento seguía, para mi gusto un poco fuerte, pero bien orientado.</p>
<p>-No te preocupes César, si al llegar al collado el viento no te gusta y no lo consideras prudente, bajas otra vez andando, no pasa nada, y así te endureces más con la carga del peso sobre tu espalda, que para eso has decidido entrenarte.</p>
<p>Mis reflexiones y oraciones caminando en soledad, es lo rentable de ir solo, interrogando a tú alma, pensando en tus errores, como un peregrino de la fe, me han ido entreteniendo, haciendo deporte por el sendero hacia la cima. Solo estos ejercicios son por sí mismo una buena prueba y una forma espléndida de aprovechar el tiempo que tanto valoro y que por cronología, es para mi tan escaso. Mi tiempo vale mucho porque me queda poco y he de aprovecharlo en misiones importantes como ésta.<br />
En el fondo de mi mismo, en la hondura de mi conciencia, he ido sintiendo miedo, esa emoción confusa, ese temor del animal humano que siempre solicita el amparo de los seres del más allá, a los que a veces es bueno encomendarse, como he hecho en tantos momentos estelares de mi fascinante existencia.</p>
<p>-¡Éstas experiencias del espíritu son tan valiosas!</p>
<p>-¿Esto que estoy haciendo es solo deporte?  O es pura metafísica.<br />
Ortega dijo que el deporte era esa conducta ascensional, que no buscaba el lucro, sino que consistía en la “vivencia”, la gran experiencia del ser vivo buscando la esencia, añado yo en mi delirio de pensador y aspirante a poeta.</p>
<p>He llegado a lo alto del collado. El viento ha amainado en su fuerza y parece adecuado a mi escasa técnica de parapentista, lleno de torpe experiencia, sin el suficiente saber.<br />
Durante la ascensión he ido recordando que tendría que frenar bien el parapente cuando sintiera que estaba en lo alto, sobre mi cabeza, cargando entonces el peso y decidiendo el momento de salir al aire.<br />
Con calma, pero sin perder tiempo me he abrigado, he extendido el parapente cuidadosamente, he comprobado las líneas de sustentación, me he puesto el casco y los guantes, he dado unos sorbos breves de agua, me he puesto el arnés, y me he abrochado los cinturones, guardando la funda y los bastones en la bolsa de la silla, y me he erguido decidido, enfrentándome a la vida con miedo, pero sin que yo mismo notara sus consecuencias.</p>
<p>-César eres torpe, no tienes los reflejos, ni la destreza que quisieras, pero quieres vivir una vez más la enorme experiencia de bajar desde lo alto.<br />
Éste será tu vuelo numero doscientos o quizás más, trescientos&#8230; pero sigues teniendo miedo al vacío, al estar a expensas del viento que nunca llegas a conocer bien.</p>
<p>-¡Puedes hacerlo! Las condiciones son propicias. ¡Decídete!<br />
He esperado una racha de viento y la he sentido en mi cara.</p>
<p>-¡Voy! El viento me ha hecho recular, pero he aguantado correctamente el envite. He frenado el parapente sobre mi cabeza, sin mirarlo, pero lo he sentido bien situado. No he recordado que debería cargar mi peso, pero a pesar de este error, con solo dos o tres pasos hacia abajo, el parapente me ha sacado de la tierra.</p>
<p>Ante mi la perfilada peña que se denomina el Peñotillo, y hacia abajo, casi novecientos metros de vacío, con los pinares verdes y el destello del agua embalsada del pueblo de Navacerrada.</p>
<p>El viento me ha subido varias veces entre vaivenes tranquilos, pero yo he seguido sintiendo miedo, zozobra, aún sabiendo que todo estaba controlado, captando la grandiosidad de mi acción, suspendido totalmente de la tela roja y amarilla, viendo mis piernas sobre los centenares de metros abajo de la vertiente.<br />
He gritado varias veces para neutralizar la tensión de la emoción ante la congoja, pero sabiendo lo que hacía, manejando los mandos con soltura pero atenazado por esa angustia soportable.</p>
<p>-¡Magnífico César! ¡Muy bien! ¡Lo estás haciendo bien!</p>
<p>Pero no me he llenado de “ego”&#8230;<br />
¡Gracias Dios! por ayudarme! Por haberme concedido otra vez poder vivir estos momentos de angustia tan grandiosos.<br />
He tratado varias veces de comprobar la dirección del viento, cuando mi parapente se movía más de lo que yo deseaba, he virado varias veces mirando el paisaje, viendo la cima de la Maliciosa y los valles que confluyen en la Barranca, y viendo el Hotel de la Barranca bajo mis pies y los remansos de agua que brillaban en la espléndida belleza de la tarde.</p>
<p>-¡Muy bien César! ¡Sigues siendo el que querías ser!</p>
<p>Pero yo ya querría  haber llegado abajo. Estar con los pies en el suelo, no sentir los vaivenes que me llenan de inseguridad. Haber superado éstas sensaciones angustiosas, posiblemente agravadas por el recuerdo de mi último golpe, el que sufrí éste verano, cuando éste mismo parapente que estoy aprendiendo a pilotar, me estrelló dramáticamente contra la ladera de la Najarra, al confundirme y volar en un peligroso “sotavento”. Fue un duro golpe a mi moral de luchador, y a mi cuerpo que ha resistido ya muchos golpes, y que no debo castigar más.<br />
Éste vuelo, el cuarto después de aquella experiencia, espero me ayude a superar las consecuencias, aunque nunca olvidarlas.<br />
-Si tienes en ti mismo una fe que te niegan, si pierdes y te lanzas nuevamente a la lucha que ennoblece, digo en voz alta, recordando algo de lo que escribió Rudyar Kipling, mientras veo el suelo aproximarse veloz ante mi, incorporándome dispuesto a poner los pies sobre la hierba tirando de los cordones al máximo.</p>
<p>Estoy abajo. He pensado y he sentido.<br />
He sido una vez más capaz de llegar a lo alto, sin soberbia, y he ejercitado la humildad del que sabe que es solo una criatura débil en manos del destino. ¿Es esto la felicidad? Mañana seguiré enfrentándome a la vida dispuesto a ser mejor de lo que hasta ahora he sido. ¿Es esa la sabiduría?<br />
Así se lo preguntaré a mis ilustres compañeros de la Real Academia de Doctores de España, en cuanto la ocasión sea oportuna.</p>
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		<title>Tiempos muy activos</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Sep 2011 07:43:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>perezdetudela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Soy juventud que sueña primavera Yo soy temperamentalmente activo. Me entreno, hago gimnasia para acostarme cansado, voy a la montaña a subir las pequeñas cimas del Guadarrama y frecuentemente a escalar algún risco y no perder esa dosis de valor necesario y seguir teniendo la agilidad mínima que me permita seguir subiendo en la carrera [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="text-decoration: underline">Soy juventud que sueña primavera</span></p>
<p>Yo soy temperamentalmente activo. Me entreno, hago gimnasia para acostarme cansado, voy a la montaña a subir las pequeñas cimas del Guadarrama y frecuentemente a escalar algún risco y no perder esa dosis de valor necesario y seguir teniendo la agilidad mínima que me permita seguir subiendo en la carrera hacia la cumbre, algunos intentos de salir volando con el parapente, que es mi vínculo con el valor juvenil, que todos llevamos dentro, más o menos oculto. En invierno me gusta escalar en nieve y esquiar haciendo fondo y también algo de esquí alpino. Todo ello para tener la ocasión de reflexionar y seguir preparado para tratar de alcanzar alguna cima más en la carrera de fondo que es al fin la vida.<span id="more-164"></span></p>
<p>Para el ejercicio deportivo ya no tengo tiempo para más y creo que es relativamente suficiente, ya que hay que ocuparse también de la mente.</p>
<p><span style="text-decoration: underline">Estudios, conferencias y escritos</span></p>
<p>No tengo tiempo para leer mucho, pero me esfuerzo en estudiar lo que necesito, especialmente de temática geográfica y de carácter poético-filosófico. Escribo con esfuerzo, publico algunos artículos geográficos en “Rutas del Mundo”, otros en InforTurSA,  y en algunos en otros medios de mayor tirada, presento con la ayuda de algunos personajes que entrevisto el programa “La Montaña” en Gestionaradio (94,8 FM) en programación de fin de semana.</p>
<p>Y entre tanto trato de terminar mi libro “Las Montañas del Alma”, unas consideraciones filosóficas respecto a los grandes o graves sucesos del alpinismo, y estoy atento a la publicación de otros ya terminados en espera de ser editados: “Mis Memorias”, “Hechos, Mitos y Leyendas del Naranjo de B.” (con el barón de Cotopaxi) y otro pequeño libro juvenil sobre los indígenas de Papua, en Irían Jaya de Nueva Guinea, también protagonizado por él barón.</p>
<p>Tengo frecuentes conferencias en diferentes tribunas: clubs privados, ateneos, citas empresariales, y también práctico ese género curioso de presentador de pequeños actos, libros o conferencias de amigos y compañeros.</p>
<p>Voy poco a la Real Academia de Doctores de España, ya que sus horas de reunión coinciden con mis actividades de montaña en las tardes, o en la grabación del espacio de radio, pero colaboro, siempre que me es posible con algún trabajo de mayor hondura sobre la vida y la poquedad del animal humano.</p>
<p><span style="text-decoration: underline">De Edurne Pasabán, la gran ochomilista</span></p>
<p>Creo que Edurme Pasaban, la “ochomilista” vencedora de las 14 montañas más altas, según me dice algún famoso alpinista de Bilbao, está enfadada conmigo. La han dicho que he comentado algo sobre ella que no se que será, pero que no la ha gustado. Siento su enfado ya que a mí me ha resultado siempre muy afectuosa y valoro su larga y dura empresa de haberse alzado sobre tantas altas montañas, con mucho esfuerzo, riesgo y grandes incomodidades. Ya la he escrito y la he dicho que no haga caso, que lo que dicen que yo he dicho son manipulaciones que tratan de confundir y enfrentar criterios, y de eso a mi juicio hay que culpar mucho a los medios de información que quieren lograr enfrentamientos sacando los temas de su contexto. La larga serie de grandes montañas ascendidas por Edurne y sus compañeros merecen la fama y el honor que la sociedad le ha otorgado, aunque muchos rebajen sus logros y critiquen sus medios. Cada actividad tiene su valoración. Creo que merece esa Medalla de Oro, de la Real Orden del Mérito Deportivo, de la que el Rey es el Canciller, con tratamiento de Ilmo. Señor, en este caso Señora, que le ha prometido el Presidente del CSD. Sería la tercera Medalla de Oro para un alpinista español. Yo fui el segundo y Oirzabal el primero, aun cuando estos reconocimientos no gusten a todos, muchos de los cuales también la merecerían, sin duda.</p>
<p><span style="text-decoration: underline">Mi próxima experiencia en el Tien Chan. Kyrzygytan.</span></p>
<p>Este mes de julio escribiré poco, no sé como podré mantener el programa de radio, ni podré relacionarme con mi blog, ya que estaré bastante incomunicado tratando de subir al Khan Tengri. Es muy posible que sea solo otra tentativa para confirmar si soy capaz de superar las asfixias de la altitud con mi gastado corazón, que tanto y tan inoportunamente me apartó del Himalaya, desde mis infartos en el Everest en 1992 y en 1996. Si lo lograra ya se lo contaría a ustedes y sería una gloria para mí espíritu, pero de ello no tengo ninguna seguridad:</p>
<p>“El que busca la plena seguridad ignora  su destino”.</p>
<p>En Agosto estaré en Islandia con mis compañeros del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, entre glaciares y volcanes, y luego iré a Colombia como invitado extranjero para hablar de montañas y experiencias. Y allí trataré de subir al Nevado del Ruiz y al volcán Tolima. Luego querría imponer paciencia en mi agenda.</p>
<p>Que ustedes pasen un verano grato, superando los cansancios, en el camino de la vida tolerante y de la reflexión. Gracias.</p>
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		<title>La necesidad de hacer alpinismo</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Sep 2011 11:40:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>perezdetudela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Es un riesgo inútil? ¿Es un compromiso absoluto? ¿O somos los alpinistas seres a la deriva, víctimas de una poderosa corriente que nos arrastra? Parece ser cierto que las actividades difíciles, y aún extremas, son las que más enseñan a los hombres a saber cómo y quiénes somos, al sernos descubiertos muchos secretos que para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Es un riesgo inútil? ¿Es un compromiso absoluto? ¿O somos los alpinistas seres a la deriva, víctimas de una poderosa corriente que nos arrastra? Parece ser cierto que las actividades difíciles, y aún extremas, son las que más enseñan a los hombres a saber cómo y quiénes somos, al sernos descubiertos muchos secretos que para la mayoría de los humanos permanecen ocultos. A cambio está la posibilidad cercana de perderlo todo, viviendo el desasosiego, a veces poco perceptible ante la posibilidad de la muerte.<span id="more-159"></span></p>
<p>¿El alpinismo podría ser, por el contrario, el gran hallazgo de una realidad universal que los hombres vienen buscando en los últimos siglos? Esa pasión poderosa que otorga sentido a la existencia. “Todo lo que hagas hazlo con pasión” decía Tomaz Humar, el gran alpinista que encontró la muerte escalando solo en el Langtang Lirum.</p>
<p>¿Es el riego la esencia de la aventura de la vida? ¿Dónde deberíamos situar los límites del riesgo? ¿Hasta dónde y hasta que medida o situación podemos admitir esos límites? ¿Morir por la cima? ¿A qué edad? El gran alpinista Pierre Mazeaud, superviviente del drama del Pilar Freney (1961) expresó que a partir de los 35 años, los alpinistas tenían más posibilidades de sobrevivir.</p>
<p>El alpinismo es, como se ha descrito en varios apuntes de este ensayo, una aventura fenomenológica –la vida viviente- un sentimiento más allá de los límites de la experiencia y por ello trascendental y puramente metafísico.  El paso del tiempo y la cuesta de la vida. ¿Se ven las montañas, las paredes y las vertientes de forma distinta en la edad juvenil que en la madurez? ¿Por qué los precipicios me parecen ahora profundos abismos?</p>
<p>¿Vivir es el único fin de la vida? ¿Sería ideal trascender sobre la vida, creando bienes más altos que la propia vida ? Vivir no es solo estar viviendo, sino tener conciencia de la vivencia. La experiencia fenomenológica es la aprehensión de la esencia, la que se produce a través de la intuición, analizando las vivencias de la conciencia.</p>
<p>El alpinismo y la guerra. Dicen que también en la guerra el hombre se desnuda de su pasado para quedarse con lo esencial, viviendo la “esencia-vivencia” de una vida suspendida. En ambos territorios morir es fácil, solo un instante y un tránsito.</p>
<p>Dios y el alpinismo.  Di gracias a Dios por continuar escalando montañas y por ejercitar ese arte de nadar en los torrentes. Así sería más fácil poder ayudar a los demás en las dificultades de la vida… Y una vez más me confesé a mí mismo por tantos errores cometidos, regresando del infierno y aprendiendo a reencontrar el camino de la vida.</p>
<p>Solo aprenderíamos de la aventura, ese afán escondido en el fondo del alma. Di gracias a Dios por tantas ayudas de Él recibidas, cuando en numerosos atardeceres buscaba el camino de mi casa, perdido y sin  memoria, entre caos de roca y de hielo…</p>
<p>Del libro &#8220;¿Si sigo moriré?&#8221; Montañas del Alma. Pendiente de edición.</p>
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		<title>Alfonso Arias Pacheco, alpinista y fundador del turismo de montaña</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jul 2011 11:18:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>perezdetudela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Alfonso era, en el mejor sentido de la palabra, un alpinista tradicional, no un alpinista de los que suben en fila, sujetándose a una cuerda fija puesta por unos servidores de la montaña como ocurre actualmente. Alfonso Arias fue siempre un alpinista clásico, de los que abría el camino delante de los demás, explorando el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Alfonso era, en el mejor sentido de la palabra, un alpinista tradicional, no un alpinista de los que suben en fila, sujetándose a una cuerda fija puesta por unos servidores de la montaña como ocurre actualmente.</p>
<p><a href="http://desnivel.com/alpinismo/alpinistas/alfonso-arias-gran-alpinista-y-viajero">Alfonso Arias</a> fue siempre un alpinista clásico, de los que abría el camino delante de los demás, explorando el terreno y exponiéndose a la caída, el verdadero riesgo del alpinismo de los que actúan de “primero de la cuerda” .</p>
<p>Le conocí a finales de los años “50” del pasado siglo, lo que a pesar de los años transcurridos recuerdo perfectamente.</p>
<p>“Yo me encontraba colgado de una escalada difícil de la Pedriza, la vía Lucas del Cocodrilo, y él, junto a su compañero Rodrigo, ambos de la Sociedad Deportiva Excursionista (celebre club de montañismo de Madrid) me preguntaron por dónde y cómo se iniciaba la escalada de la famosa “Norte del Nieves”. En mi juvenil vanidad me sentí halagado de que dos alpinistas de buen porte y ya expertos me hubieran pedido una información técnica” .</p>
<p>En aquellos años del pasado siglo Alfonso Arias era un activo escalador de montañas, que no se contentaba con el Cervino, el Mont Blanc, por el espolón de la Brenva (ahora prácticamente solo se sube por las rutas normales) el Monte Rosa o las Agujas de Bionassay. Él protagonizó hace 50 años, con Rafael Díez y Emilio Torrico, el éxito de la cordada tradicional, con una serie de escaladas en el Naranjo de Bulnes, en el Vignemale y en el Tozal del Mallo.</p>
<p>En 1974 Alfonso Arias diseñó, con sus amigos de la SDE, una valiente expedición al Yerupajá, una de las montañas más interesantes y difíciles del mundo en los Andes del Huayhuas, frente a la Cordillera Blanca (ahora solo se habla de las montañas de 8.000 m. como si no existieran otras) En aquél equipo figuraban nombres importantes del gran alpinismo clásico: Andrés Fernández, los Hermanos López, Pedro Nicolás…</p>
<p>Antes también había formado parte de la primera y la segunda expedición española al Manaslú, de la Federación de Montañismo, en compañía de Carlos Soria, Muños Repiso, Orts, López, Blázquez y otros destacados alpinistas madrileños.</p>
<p>En 1976 Alfonso Arias se enfrentó, dirigiendo un equipo de su club madrileño al Shakkaur (7.123 metros) en las montañas del Hindu Kush, en Pakistán, abriendo una nueva ruta a esa difícil montaña de los desconocidos macizos de Asia.</p>
<p>Pero lo que distinguió a Alfonso Arias, además de su valor como escalador y su bien hacer como directivo expedicionario fue su porte elegante y su exquisita educación, lo que le facilitó amigos en muy distintos ámbitos sociales. Por ello es junto recordar que Arias, dejando sus negocios familiares, fuera el primero en decidirse a crear una agencia de viajes de aventura “Intrek” hace más de cuarenta años, en una oficina de la Torre de Madrid.</p>
<p>Así se comenzó a aficionar a los españoles en el “trekking”, que no es otra cosa que recorrer caminos de montaña sin demasiadas complicaciones en cualquier cordillera o macizo montañoso ( Nepal, Bután, Perú, Bolivia, Tanzania, Kenia…)</p>
<p>Pero Arias a través de sus relaciones sociales y profesionales no solo fue llevando a españoles fuera, si no trayendo a España turistas de montaña de distintas partes del mundo para que conocieran los Picos de Europa, los Pirineos, o haciendo famosas las singulares travesías por la Sierra Nevada granadina.</p>
<p>Su hijo Alberto, director de Mugámara, viajes, trekking y expediciones, me cuenta como recuerda a su padre embalando unas espadas toledanas (copia de la Tizona del Cid) para entregar al rey de Bután, en una de sus primeras visitas al país de las nieves.</p>
<p>Alfonso Arias fue un hombre afortunado que supo encontrar en las montañas el gran argumento de su vida: cómo explorador-alpinista-escalador y cómo promotor del viaje de aventura. Recorrió desde Katmandu a Lhasa, abriendo caminos, se entusiasmó con el Gran Sur de Argelia, los macizos del Hoggar y el Tassili, llegando a Tombuctú desde Bamako atravesando el Sáhara, caminó por los volcanes de Etiopía… Y hasta en 1995 pudo alcanzar el lago de Manasarovar, desde Lhasa, y para poder realizar la “Kora”, la peregrinación religiosa rodeando al Kailash, la gran montaña sagrada del Tíbet.</p>
<p>Descanse en paz el amigo Alfonso Arias Pacheco.</p>
<p>Nació el 12-05-1934. Murió el 13- 07-2011</p>
<p><a href="http://www.cesarperezdetudela.com/">cesarperezdetudela.com</a> (web y blog)</p>
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		<title>En recuerdo del montañero Luis Méndez Rodrigo</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Jul 2011 11:10:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>perezdetudela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Le encontraron muerto en el sillón de su casa. Luis Méndez, el Cebolla, del Grupo de Montaña Cumbres de Madrid, estuvo en algunade las grandes y primeras expediciones al Cáucaso en 1968 y en el Himalaya en 1973. Su buen carácter y la amistad de tantas generaciones de montañeros le harían merecedor de homenajes en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Le encontraron muerto en el sillón de su casa.</p>
<p>Luis Méndez, el Cebolla, del Grupo de Montaña Cumbres de Madrid, estuvo en algunade las grandes y primeras expediciones al Cáucaso en 1968 y en el Himalaya en 1973. Su buen carácter y la amistad de tantas generaciones de montañeros le harían merecedor de homenajes en su memoria. Nació el 23-12-1930. Murió el 19-07-2011.</p>
<p>Llegué tarde a su cremación en el cementerio de la Almudena y no pude decir algunas palabras recordándole, aunque mi persona no fuera de su estricto circulo de amigos y compañeros&#8230; Casi siempre nadie dice nada en los entierros o en los crematorios, un acto breve, quizás sentido pero demasiado silencioso y vacío de palabras. Todos tenemos mucha prisa. Hay que seguir viviendo y hay que terminar pronto esas sesiones tristes, que la sociedad actual quiere olvidar lo antes posible. No hay culto ni homenaje para el desaparecido que marcha hacia ese viaje transcendente a lugares inimaginables por nuestras limitadas capacidades. Hemos hecho del entierro o de la destrucción de su cuerpo una acción puramente administrativa en la que parece que nos olvidamos del alma, esa inmensa entidad que se esparce allí mismo camino de la eternidad.</p>
<p>Solo algún místico dijo que los muertos pasaban a ese ámbito superior e invisible. Fue el poeta Rilke, y sus poemas fueron estudiados por Martín de Heidegger a lo largo de una vida dedicada a investigar la ciencia metafísica.</p>
<p>Hace ya años que decidí decir siempre algo en honor del amigo o compañero que había iniciado la “gran travesía”. Ojalá tarde mucho en hacerlo y ojalá lo haga bien.</p>
<p><a href="http://www.cesarperezdetudela.com/">cesarperezdetudela.com</a></p>
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		<title>El gran viaje sigue presente</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Jul 2011 11:22:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>perezdetudela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy he escrito un artículo para el diario “El Mundo” en memoria de Alfonso Arias Pacheco, alpinista de reconocido prestigio y primer introductor de los viajes de aventura y montaña en España, fallecido estos días. Todavía no se ha publicado el mismo y me dice Enrique Lieva, otro veterano de la montaña, que hoy han [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy he escrito un artículo para el diario “El Mundo” en memoria de <a href="http://desnivel.com/alpinismo/alpinistas/alfonso-arias-gran-alpinista-y-viajero">Alfonso Arias Pacheco</a>, alpinista de reconocido prestigio y primer introductor de los viajes de aventura y montaña en España, fallecido estos días.</p>
<p>Todavía no se ha publicado el mismo y me dice Enrique Lieva, otro veterano de la montaña, que hoy han encontrado a Luis Méndez, el Cebolla, sentado en un sillón de su casa sin vida.</p>
<p>Luis fue un escalador del Grupo de Montaña Cumbres, entusiasta de las escaladas y compañero en aquella histórica expedición española al Cáucaso en 1968, en la que escalamos el temido Uschba, entonces considerada una de las 10 montañas más bellas de la Tierra por el escalador alemán Günter Hauser, desaparecido hace 40 años en el peligroso glaciar del volcán Osorno, en Chile.</p>
<p>De aquella expedición al Cáucaso ya han emprendido el viaje al más allá varios de sus componentes: Moisés Castaño, Joaquín de la Cámara, Mariano Arrazola y Luis Méndez. Así es la vida.</p>
<p>Mientras tanto los que sobrevivimos continuamos en la cuesta de la escalada.</p>
<p>Carlos Soria empecinado en su admirable lucha por conseguir los “ochomiles”, Rivas en sus montañas botánicas realizando ascensiones, Repiso en la revista Peñalara, igual que Luis B. Durán, Fernando Domingo, Marquez, Félix Méndez, Fernando Domingo, Jame García Orts; mientras el admirable Agustín Faus diseña un taller de literatura de montaña.</p>
<p>Espero qué la vida continúe -mientras pueda respetarnos.</p>
<p>Y tenga la paciencia de esperar, y concederme a mí el suficiente tiempo para descifrar el “por qué” de esta grandiosa y terrible pasión por escalar las cimas de la tierra y de la vida, si mi limitada inteligencia lo hace posible, y mis fuerzas me acompañan para seguir subiendo.</p>
<p><a href="http://www.cesarperezdetudela.com/">cesarperezdetudela.com</a></p>
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		<title>También en el alpinismo se acusa el cambio social</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jul 2011 12:56:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>perezdetudela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace cincuenta años el alpinista alemán Toni Hiebeler, escritor de montaña, autor del célebre libro “Combates por el Eiger”, uno de los mejores de la amplia literatura alpina, director de la revista “Alpinismus” y jefe de la expedición que escaló el Eiger en primera invernal, escribió un valiente artículo, confesando que dejaba la montaña y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace cincuenta años el alpinista alemán Toni Hiebeler, escritor de montaña, autor del célebre libro “Combates por el Eiger”, uno de los mejores de la amplia literatura alpina, director de la revista “Alpinismus” y jefe de la expedición que escaló el Eiger en primera invernal, escribió un valiente artículo, confesando que dejaba la montaña y el alpinismo por que ya no le gustaba.  Hiebeler siguió no obstante, como era de esperar, realizando actividades de montaña, hasta que falleció en un accidente de helicóptero que cayó  sobrevolando los Alpes Julianos en 1984.</p>
<p>En aquellos lejanos años se practicaba un alpinismo clásico de reconocida dificultad, no tan extremo y a veces incluso tan poco comprensible cómo es el actual. Un alpinismo más variado y universal, no especializado y realizado en las muy diversas montañas del mundo, no como ahora, en el que siempre se va a los mismos escenarios: o el Himalaya, o las mismas “Siete cumbres”, siempre lo mismo. Todos en el idéntico camino, salvo claro está, extraordinarias excepciones que quedan sumidas en el anonimato.</p>
<p>Entonces el alpinismo de vanguardia, a lo largo de muchas décadas, permanecía inmutable y se reducía, nada más y nada menos, que a ir realizando en invierno las famosas y difíciles paredes y aristas alpinas, abriendo nuevos itinerarios y efectuando expediciones de exploración a los diferentes macizos andinos y de tantas otras zonas de la  Tierra, incluyendo ya el Himalaya. De vez en cuando alguien deseoso de darse a conocer realizaba alguna escalada en solitario (Darbellay en el Eiger, Bonati en el Dru, o en el Lavaredo y otros magníficos representantes de la vanguardia de la época)</p>
<p>Pero he de decir, volviendo a  rememorar a Toni Hiebeler que cada vez entiendo menos el alpinismo de hoy.</p>
<p>Esta forma moderna de hacer alpinismo y escalada, en muchos de sus aspectos no la comprendo. Es en muchos casos, más extrema, pero muy amparada en el “cobijo” de la técnica, que dirían los fenomenólogos de la Filosofía germánica.</p>
<p>Ahora sí que estoy declarando sin rubor que estos reconocimientos me identifican ya con una persona fuera de los cánones actuales.</p>
<p>Nuestro alpinismo, el de varias generaciones anteriores, era el clásico, el de antes, el de los guías alpinos con pantalón bávaro, y no el de las calzas o mallas estrechas que hacen parecer faunos a los alpinistas, ni el de los modernos y vulgares pantalones que ahora se llevan, y ni mucho menos el de los brazos y piernas desnudas.</p>
<p>Tampoco me gustan las cuerdas de ochenta y noventa metros, que pesan mucho y que obligan a realizar secciones o largos de cuerda muy largos, incomunicando a la cordada y sometiendo al primero a la inseguridad motivada por el creciente peso de las cuerdas, neutralizando así la seguridad que podría conferir el paso de estas por más puntos de seguro.</p>
<p>Y tampoco me gusta que se pueda decir que las escaladas de V grado, de la clásica escala “Welzenbach”, que era internacional y valía para franceses, italianos, americanos, japoneses o españoles, eran fáciles, porque a mi discreto juicio siguen siendo difíciles o muy difíciles.</p>
<h2>Los alpinistas universales de entonces</h2>
<p>No me interesa tampoco que un alpinista corra todo lo que pueda, para subir en menos tiempo que nadie, sin mochila y sin recursos ante un cambio de tiempo una montaña que ya ha subido docenas de veces, siguiendo la cómoda huella abierta por otros, en uno de los mejores días del año para declararse el campeón, batiendo todos los poco significativos records de sus predecesores.</p>
<p>Tampoco entiendo este exceso de especialización que limita nuestro horizonte y nuestra conciencia.</p>
<p>Antes casi todos éramos alpinistas más universales.</p>
<p>Hacíamos preciosas y difíciles escaladas de roca en el verano, junto a ascensiones por los pasillos nevados o helados, de las grandes montañas de los Pirineos, Gredos o los Picos de Europa  y de los Alpes. También recorríamos encima de los esquís las montañas nevadas.</p>
<p>Otros días nos ocupábamos de enseñar, sin ánimo de lucro, pero con afecto, a los nuevos aprendices de alpinistas que se inscribían en los cursillos de los clubs o de la vieja Escuela Nacional de Alta Montaña de la que éramos instructores o profesores.</p>
<p>En el otoño, al regreso de las escaladas, cantábamos los versos de los poetas para olvidar el cansancio frente al fuego del refugio. Participábamos en algunos campeonatos de esquí, aunque lo más frecuente era realizar travesías para llegar al destino todos juntos, ayudando a los más lentos o menos hábiles.</p>
<p>Ahora todo son prisas y carreras para ver quien llega antes y demostrar quién está más fuerte que los demás.</p>
<p>¿Se persigue el record para diferenciarnos o distanciarnos de nuestros compañeros?</p>
<p>El ego se presenta cada vez con más fuerza, lo que nos impide saber quiénes somos, cerrándonos el camino para la reflexión ¿Ocultamos algo con ello?</p>
<p>Por otro lado todos seguimos los mismos caminos siempre abiertos, como si ya fuéramos incapaces de seguir caminos sin huellas, en los que antes aprendíamos a confesar nuestros errores.</p>
<h2>Solo, sin cuerda y sin seguro</h2>
<p>Son para mí demasiado rebuscadas estas especializaciones, aunque sé que significan sin duda un indiscutible esfuerzo y una gran preparación física y técnica, basado en ejercicios atléticamente admirables, que entrañan una importante práctica repetitiva unidireccional, pruebas atléticas que se van apartando de los cánones  fundamentales de la escalada y el alpinismo de siempre.</p>
<p>Otros muchos, la mayoría, solo ven lo que la moda impone: correr. El que no corre está fuera. No hay club de montaña que no practique la carrera y las competiciones.</p>
<p>En una naturaleza digna de ser contemplada se corre cuesta arriba y cuesta abajo, sin tener casi oportunidad de poder mirar apenas el paisaje y sin saber para que hay que correr tanto, pendientes del cronometro.</p>
<p>Los formidables éxitos de ciertos escaladores-alpinistas actuales me parecen asombrosas enajenaciones. Se escala “en solo y sin cuerda”. Y por tanto sin seguro alguno por impresionantes precipicios, como los de la pared norte del Lavaredo, 600  metros absolutamente verticales. O la pared norte del Eiger, midiendo el segundo:  dos horas, algunos minutos y unos segundos más, cuando antes casi todas las cordadas dedicaban tres, cuatro o más días abriéndose camino y soportando las tempestades que los servicios meteorológicos no podían prever.</p>
<p>Esa urgencia. Ese entrenamiento que permite estos excesos,  escalando una y otra vez la misma vía, hasta dominar todos sus pasajes, tiene detrás muchas horas al día de entrenamiento, lo que significa repetir un gesto físico muy semejante.</p>
<p>Ahora toda la actividad se concentra en unos años de gran intensidad. Y este exceso impide cualquier otra dedicación para conocer otros ámbitos de actividad compensatoria, que en otros tiempos eran fundamentales para vivir en sociedad.</p>
<p>No alcanzo a penetrar en la especial psicología -que siempre es filosofía- de este modernismo idealista que muchos se empeñan en llamar deporte, que para mí consideración es el alpinismo.</p>
<p>Creo que hemos llevado el alpinismo, con sus especialidades y sus competiciones, a una enajenación sin futuro, lo que contribuirá mucho a que los protagonistas de hoy no lleguen a perdurar en el ejercicio de esta actividad durante muchos años.</p>
<p>Yo continuaré mientras pueda con mis cuerdas de 40 o 50 metros, aunque tenga que improvisar reuniones, y hacer más rapeles, para no perder el hábito de saber buscar la propia seguridad, montando reuniones y no siempre utilizando anclajes fijos.</p>
<p>Insistiré en la filosofía de la cordada, ya casi perdida, y en el sentido fundamental de la orientación.</p>
<p>El Himalaya “ochomilista”, ha traído nuevos métodos, como el de la lenta  aclimatación, la ausencia de la cordada, las huellas que eliminan los misterios del camino, las cuerdas ya fijadas por los trabajadores de la montaña para hacer posible la ascensión en algunos casos de  caprichosos señoritos buscadores de hazañas.</p>
<p>Creo que soy, cada día más,  un alpinista de otra época. Y la época marca y caracteriza a una generación. Me he quedado evidentemente atrás cómo un superviviente de la antigüedad, de los que no buscaban el record, sino la vivencia, esa categoría de la experiencia que nos convertía en hombres con filosofía para poder trasmitirla a los demás.</p>
<p>Se hacen escaladas asombrosas, pero no sé si esta aparente superación es real y si puede compensar tantos valores tradicionales que van quedando atrás.</p>
<p>Y ojalá pueda seguir escalando las preciosas vías clásicas, las difíciles rutas de IV y V grado, las más bellas y más lógicas en esta preciosa sin razón del alpinismo.</p>
<p>Y si encuentro a algún buen compañero que me ayude, incluso repetiré alguna línea, como ahora se dice, de esas de (VI grado), con mucho cuidado y una gran humildad propia del que ha sobrepasado su época, teniendo muy presente que el VI grado clásico tenía pasos “más allá de los cuáles estaba la caída” y era “el límite del equilibrio”.</p>
<p>Así lo decíamos entonces, cuando mirábamos al fuego contando aventuras en los refugios de montaña, preparándonos para las también difíciles escaladas de la vida.</p>
<p>César Pérez de Tudela. Explorador alpinista. De la Real Academia de Doctores de España.</p>
<p><strong>www.cesarperezdetudela.com</strong></p>
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		<title>No a lo que se dice</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jun 2011 16:46:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>perezdetudela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[No se crea la gente lo que se dice estos días sobre el alpinismo. Gran parte de culpa de estos juicios exagerados y parciales la tiene el mensajero, que escoge la noticia, la agranda y la difunde, ahora que la comunicación es tan sencilla, con enviados especiales en el mismo Himalaya en busca de incidentes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No se crea la gente lo que se dice estos días sobre el alpinismo. Gran parte de culpa de estos juicios exagerados y parciales la tiene el mensajero, que escoge la noticia, la agranda y la difunde, ahora que la comunicación es tan sencilla, con enviados especiales en el mismo Himalaya en busca de incidentes para justificar su crónica, que a su vez es agrandada por el columnista que ve en estos pequeños sucesos un motivo para escribir un buen articulo y quedar bien.</p>
<p><span id="more-134"></span>No hagan caso.</p>
<p>El alpinismo sigue siendo una de las pocas actividades que merece la pena realizar. Grandes paisajes, incomparables alegrías, compañeros generosos… Esa es la verdad.</p>
<p>En el alpinismo, tan unido al romanticismo hay poesía y hasta mística, aún en estos tiempos exageradamente racionalistas y con ello positivistas, en permanente ejercicio de la materialidad.</p>
<p>Es cierto que a los caminos de las cumbres ha llegado esa insana competición que hace vencedores y vencidos, el record, realidades que siempre estuvieron repudiadas por el alpinismo o montañismo tradicional, porque contradecía su propia esencia.</p>
<p>Con la competición y la persecución del record llego la moda de olvidar a tu compañero y amigo para subir con un sherpa que es más rentable por su fortaleza, es decir un discreto ayudante o criado que te sube el peso y te otorga seguridad, esa condición que cada día nos falta más, gracias a tantas otras facilidades que la actualidad nos brinda, especialmente en las cimas del Himalaya de 8.000 metros.</p>
<p>Se ha ampliado y exagerado mucho las diferencias entre Oirzabal y Edurne, pero no hagan caso. Han discutido, han exagerado sus afirmaciones producto del cansancio. En las casas de las mejores familias, si pusiéramos periodistas a la escucha, nos enteraríamos de controversias, insultos y todo tipo de situaciones reprobables.</p>
<p>El periodismo no es simple cotilleo, igual que la justicia no es venganza aunque a veces lo parezca.</p>
<p>La prensa y los medios de información están para informar de los grandes y graves sucesos que nos pasan, pero no debieran convertirse en un vulgar escaparate donde se exhiben insultos, ni un altavoz de lo negativo, olvidando lo fundamental, que en el caso del Himalaya que se comenta, ha sido la brillante intervención de dos alpinistas argentinos salvando la vida a otro alpinista español.</p>
<p>Eso es a mi juicio de periodista y estudioso de la comunicación lo que hay que dar a conocer, pero nunca dar tanta importancia a conductas o hechos intrascendentes entre dos compañeros de montaña.</p>
<p>Si hay que buscar alguna actividad exenta en lo general de ánimo de lucro, en la que se sé manifieste la alegría, el esfuerzo y aún la frecuente heroicidad, esa actividad es precisamente el alpinismo, ese ejercicio del cuerpo y de la mente que yo divulgue con mis mejores ilusiones, en la televisión única y en las mejores publicaciones y emisoras hace 40  años, que esta sociedad está ensuciando día a día. Así convencí a los abuelos y padres de estos jóvenes o maduros alpinistas de hoy, que ahora quieren subir todos los “ochomiles” a la vez, con sherpas o sin ellos, con oxígeno o a pleno pulmón. Un poco de cordura aunque sea solo para el alpinismo.</p>
<p>Gracias.<br />
Cesar P. de Tudela es explorador y alpinista. Licenciado y doctor en c. de la información</p>
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		<title>Españoles en el Himalaya</title>
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		<pubDate>Fri, 27 May 2011 10:19:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>perezdetudela</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Estoy siguiendo estos días los acontecimientos de los alpinistas españoles en el Lhotse, la cima vecina al Everest. Y leyendo juicios que tratan de desvirtuar la gran vivencia de las altas montañas. Siempre que hay muchos alpinistas escalando en la misma montaña, como ha ocurrido este año en el Everest-Lhotse, y el año pasado en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estoy siguiendo estos días los acontecimientos de los alpinistas españoles en el Lhotse, la cima vecina al Everest. Y leyendo juicios que tratan de desvirtuar la gran vivencia de las altas montañas.</p>
<p>Siempre que hay muchos alpinistas escalando en la misma montaña, como ha ocurrido este año en el Everest-Lhotse, y el año pasado en el Annapurna, existen lógicamente más probabilidades de accidentes. El Himalaya está de moda. Los patrocinios continúan a pesar de la crisis. Y son muchos los alpinistas españoles dispuestos a la aventura.<span id="more-128"></span></p>
<p>La practica exigente de no llevar oxígeno, el elemento que más puede hacer por nuestra seguridad y nuestra vida, enmendando la historia de la exploración alpina del Himalaya, hace indiscutiblemente más limpio el “hecho deportivo” esa gimnasia física que sitúa a quiénes lo ejercen por encima de la gran y pura vivencia que ya es por sí escalar esas montañas, aumentando considerablemente el riesgo de morir.</p>
<p>Con motivo de estos rescates y ayudas que unos alpinistas y sherpas han prestado a otros, se han dicho algunas improcedencias que a mi modesto juicio han empañado unos hechos dignos del mayor respeto y admiración.</p>
<p>Damián Benegas, un argentino que dirige una importante agencia de expediciones, y que por tanto practica el alpinismo profesional con ánimo de lucro, y del que presumo que posee importantes “logros” personales como alpinista o andinista, ha dicho:</p>
<p>“Muchos alpinistas españoles acuden a los “ochomiles” poco preparados y luego el problema es para los que les sacamos del apuro”. “Por rescatarlos pusieron en peligro sus vidas cuarenta personas” “Esto es algo inadmisible”</p>
<p>Esto mismo lo he venido oyendo a lo largo de estos 55 años, los que llevo caminando y escalando por las montañas del mundo. Y me parece una torpe vulgaridad. En la montaña y en la vida el “Hoy por ti mañana por mí” es un hecho cierto.</p>
<p>En este caso quien ha pronunciado estas palabras tiene una importante circunstancias que podría eximirle de su actitud prepotente: haber contribuido él, o su hermano, junto con otro alpinista argentino, de forma generosa, eficaz y hasta heroica al rescate del alpinista español Lolo González que se encontraba en una situación extrema. Un hecho admirable que solo merecía ser admiración.</p>
<p>Llamar alpinistas sin experiencia a personajes como Juanito Oiarzabal, Carlos Pauner, Lolo González y otros bravos alpinistas independientes, sin tantas ayudas de sherpas y oxígeno, como llevan esas caras expediciones comerciales como las de “Patagoniam Brothers”, no es justo.</p>
<p>Los incidentes ocurridos son situaciones que se pueden plantear ante cualesquiera que decide vivir la experiencia extraordinaria de aventurarse en montañas de semejante altura, unas veces con mayor fortuna y otras con menos, accidentes o situaciones que pueden ocurrir en el transcurso de estas expediciones y mucho más aún en el arriesgado  caso del ejercicio profesional como el de dedicarse a guiar a otros menos expertos, los que pagando elevados precios creen sentirse protegidos en ese mundo que en cualquier momento puede transformarse en un infierno.</p>
<p>Edurne y sus compañeros de la expedición Endesa han actuado con gran eficacia y solidaridad, junto a las expediciones comerciales de “Patagoniam Brothers”, “IMG” e “Himalayan Experience”.</p>
<p>A todos ellos hay que agradecerles su brillante y esforzada gestión, pero sin crítica alguna para la actuación de quiénes fueron sus beneficiarios.</p>
<p>El ayudar y rescatar a un semejante es al fin una de las mayores satisfacciones del ejercicio del alpinismo y de la vida y devaluarlo después con sensatos menosprecios desvirtúa tan importante gesto.</p>
<p>Soria admirable por su fortaleza física, eficaz y muy inteligente siempre, aunque se encuentre por encima de los 8.000 metros. Él sabe cuándo debe ponerse la máscara de oxígeno y cuando debe quitársela.</p>
<p>Oiarzabal no menos admirable. Hay que ponerse en su lugar con 25 cimas de 8.000 metros y los pies por la mitad. Lo que le ha ocurrido es sólo una anécdota. A Lolo a quien conocí en el Annapurna en 1986, la alegría de saber que sigue vivo.</p>
<p>Y para los otros, todo mi respeto, el de quien admira el esfuerzo y el riesgo que sigue entrañando alzarse sobre las más altas cimas aunque las cuerdas fijas jalonen las empinadas vertientes. ¡Quién pudiera hacerlo! ¡Un privilegio de la vida! Felicidades a todos.</p>
<p>César Pérez de Tudela.</p>
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